sábado, 31 de enero de 2009

––––•(-• LiBe®¯|¯aÐ •-)•––––

Mi ViÐa...

Tome la jeringa y me la inyecte en el antebrazo. De inmediato, sentí cómo mi cuerpo respondía al estímulo, y me deje llevar por la ya conocida sensación de libertad absoluta, esa falsa sensación de “libertad” que solo te brinda la DROGA, en breves minutos comencé a sonreír y a ver como todo a mi alrededor giraba y todo cambiaba a otra realidad imaginaria, ya cansado y mareado por tantas vueltas mentales, me recosté en un frió rincón de mi cuarto, al costado de un mugriento y atrofiado sofá.
Sentada a un costado en el frió suelo, se encontraba mi enamorada, que mirándome con reproche me dijo- Ya basta, creo que ya esta bueno de eso, te estas inyectando muy seguido –
-vamos-
le murmure – haciendo un gran esfuerzo por sentarme… – no seas así, si esto recién empieza –
Estire uno de mis brazos hacia ella, uno de mis esqueléticos brazos y le acaricie la mejilla, ella no pudo dejar de sonreír y respondió a mi caricia, acercándose a mí.
- solo lo digo, por que me preocupo por ti – me dijo susurrándome al oído, con un gesto de mi mano le invite a sentarse a mi lado, y le dije.
- lo se, amor, lo se…
Mirándole a los ojos y acercándome muy lentamente a su rostro… la bese; primero con ternura, luego con una pasión desenfrenada, ella se dejo acariciar y besar, entregándose al dulce y embriagador aroma de la lujuria y la pasión, yo se que a ella por un lado le molestaba que yo fuera tan adicto, pero ala vez ella no tenia mayores problemas con las drogas, ya que ella misma a veces se inyectaba, pero lo mió ya se había vuelto una costumbre, YO casi nunca estaba cuerdo cuando estaba con ella. Pero, a pesar de todo yo sabia que ella me amaba, mucho más allá de lo que ella se imaginaba, ya que el amor que ella sentía por mi, hacia que ella me aguantara todas esas noches, llenas de solo porquería, siempre bajo la influencia de alucinógenos.
Lentamente se separo de mí, creo que no se sentía cómoda entregándose a mí de esa manera, yo bajo la influencia de las drogas, sin un comportamiento sano, solo impulsado a esa excitación que me provocaba verla a ella a mi lado, y obviamente, impulsado por los alucinógenos que me había inyectado.
Desconcertado me acerque a ella, y le pregunte - ¿que sucede? – ella guardo silencio y solo se limito a bajar la mirada hacia el piso.
- ¿Qué pasa amor? – volví a preguntar preocupado, con mis brazos rodee su cintura y la atraje hacia mi - ¿Por qué tan fría?, ¿Que pasa?, ¿Que tienes? ¿Ya no me amas?
-No, si no es eso-
respondió ella, soltándose de mí abrazo.
-Entonces, ¿qué sucede?- , me enderece y la mire a los ojos, con cierto reproche.
-Ya sabes que no me gusta estar contigo cuando estás bajo el efecto de la DROGA- me respondió.
-Otra vez con lo mismo…- murmure, ofuscado- Ya te he dicho que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Yo te amo, y tú lo sabes…
La tome del mentón y gire su cara hacia mí. Suavemente, la bese con infinita ternura. Ella reprimió un suspiro, y me abrazó con mucha fuerza.
-No puedo dejar de pensar que cada vez te haces más y más adicto a esta basura, y además esta situación me esta cansando- ella guardó un momento de silencio y luego agregó - Cada vez te vas alejando un poco más de la realidad…
-¿Por qué dices eso?-
le conteste, soltándola y mirándola con expresión de pocos amigos, continué - Ésta es mi realidad, mi vida, y nadie puede elegir por mí, ni siquiera tú- le grite.
Ella notó la rudeza de mis palabras, -Si lo se, amor, pero algún día debes salir de esto. Debemos salir de esta porquería – me dijo.
-¿Por qué? ¿Quién te dice que no podemos vivir así para siempre?
-Nadie, pero no podemos- cada ves que ella hablaba notaba que estaba algo dolida - Claro que no podemos. Por un tiempo está bien, pero luego debemos salir. Además, esto te irá matando, este camino siempre llega directo a la perdición, te lleva a un precipicio y yo no quiero eso para ambos…
Poniéndome de pie, le dije - A mi no, porque yo se lo que hago, se lo que decido, se cuál es mi opción, y tengo claro qué me gusta y que no- aguarde un instante y luego, mirándola con rencor, le dije - Mi opción es esta, la libertad. ¿Cuál es la tuya? ¿Qué es lo que elijes? Ser una chica más, ser la chiquita de mama. La correctita, la santita, la tonta del barrio… ¿eh? La que todo mundo diga que linda chica, que correcta es, eso es lo que quieres.
Ella me miraba con tristeza, y con ganas de llorar mientras yo hablaba y aunque yo sabia que le hacia daño, no me detuve y continué.
-Mi opción…- murmure- Mi opción… Mi opción en mi vida, es esta y si quieres acompañarme bien, pero si no quieres, ya es cosa tuya, pero ya deja de joder, no sigas en lo mismo OK…
-¡ya basta no me jodas mas!-
exclame, sonriéndole con ironía- algo me decía que me debía detener, que ya no debería seguir lastimándola con mis palabras, pero continué
- Es decir, que la niñita tiene miedo, por eso elige el camino aburrido y sin gracia, antes que el camino de aventura y libertad- escupí en el suelo, y luego me le acerque. - Yo creí que eras distinta, que podríamos compartir algo muy bueno. Pero no, ya veo que me equivoque, ya veo que para ti mi camino es muy arriesgado, y que escoges el camino sin gracia y sin diversión.
La mire un momento y me la acerque, la tome del mentón con rudeza, y continué agrediéndola.
-¿Ya no disfrutas conmigo? ¿Acaso ya no sientes nada cuando te beso y te acaricio?- le pregunte, acercándome a ella - ¿Acaso ya no te gusta que haga esto?- Y baje mi boca hacia su cuello, y la bese varias veces.
-¿Acaso no te agrada esto?- le susurró al oído, mientras con mis manos le levantaba su blusa - ¿acaso ya no sientes ese “hormigueo”?
Ella había cerrado los ojos, sintiendo cómo un escalofrío recorría su espalda.
-¿Ya ves aun sientes ese hormigueo, esa pasión que nos unió?- le dije mirándole a los ojos.
-Tu sabes que me gustas- me dijo, - pero…-
-Pero, ¿qué?-
dímelo, le dije - .
-Pero no es lo que quiero… Con eso no gano, solo pierdo, perdemos los dos ya estoy harta de esta basura, con eso pierdo mi vida.- me dijo, se soltó, y retrocedió.
La mire con profundo disgusto, estaba totalmente cegado por la cólera, por la ira y por los alucinógenos, e hice algo que nunca en mi vida me dejare de arrepentir, sorpresivamente, la abofetee.
-Perra- murmure, y no se cuantos mas insultos le dije, dándome la vuelta, salí de la casa dando un portazo.
Me imagino que ella se quedó de pié con la mejilla colorada por el golpe, y los ojos llenos de lagrimas, yo no sabia que hacer, y no sabia a donde ir, estaba totalmente cegado por la cólera, ya que yo sabia que ella decía la verdad, al decir que yo me estaba perdiendo, que me estaba dejando controlar por las DROGAS, que lo que había comenzado como un juego, como una travesura de amigos, que lo que había comenzado solo como un experimento, se había vuelto una pesadilla, que yo ya no lo podía controlar, que la DROGA me controlaba a mí, que la DROGA hacia lo que quería conmigo, que me estaba destruyendo, y que también la estaba destruyendo a ella, que destruía ala única mujer que me amaba, o mejor dicho a la única persona que me amaba, ya que ella era lo único que yo tenia, necesitaba gritar desahogarme y sin poder aguantar más, grite.
Después de unas horas volví a mi cuarto con la esperanza de encontrarla a ella, con la esperanza de poderla ver y decirle que lo siento, que perdone mi estupidez, y que juntos saldríamos de esto, pero al volver ya no la encontré, ya se había ido y esta vez era para siempre, por la desesperación tome la jeringa que había sobre la pequeña mesita de centro, la prepare y me la inyecte con dolor y angustia. Me desplome en el sillón y comencé a llorar.
“Quiero salir de esto”- murmure en mi mente. Y la DROGA otra vez me venció.

Pablo Cesar…


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